veinte de junio
Llevo unos días que no sé qué me pasa. Bueno, puede que sí lo sepa. Abro este documento de Word y selecciono la letra Arial. No sé dónde vi a alguien decir que hay que escribir en Arial, que tanto si te gusta como si no te gusta lo que escribes, en Arial queda más guapo. Vamos a hacerle caso. También abro Spotify y me pongo música que no suelo escuchar porque hoy quiero ir de moderna, hoy quiero hacer lo que todo el mundo hace, ponerse un grupo que no conoce nadie y dejarse llevar. Es en estos momentos cuando desearía tener un Mac, no sé muy bien para qué, supongo que para escribir esto mismo pero sintiéndome una persona importante. Luego pienso que qué bien estoy con mi portátil HP, que ya tiene cinco años y la semana pasada me dio un susto de los grandes, porque llevaba varios meses haciendo el documento de la programación para las opos y, por casualidades de la vida, no había hecho copia de seguridad de ese documento. Mi copia de seguridad se basa en mandarme el archivo a otra dirección de correo mía, muy profesional, sí, muy yo. Y al día siguiente el ordenador decidió no arrancar.
Obvio que no era la batería. Hablando con chati, sí, lo llamo así, me fue dando un montón de comandos y yo los fui poniendo como si supiera perfectamente lo que estaba haciendo. El ordenador estaba en bucle. No había manera de recuperarlo sin un USB con Windows. Windows tremendamente dañado o no sé qué me decía. Gracias a que tengo un hermano que sabe de todo, con dieciocho años que tiene, pudo recuperarme el ordenador y los archivos. No sé qué sensación me produjo estar una semana sin ordenador, pero en cuanto lo tuve otra vez me puse con el documento de la programación día y noche, literal, para acabarlo. Así acabé en cinco días lo que no había hecho desde septiembre. Supongo que hay cosas que solo hago cuando veo el precipicio. Bueno, ¿qué estaba diciendo?
Sí, que no sé que me pasa. Bueno yo creo que si lo sé pero no quiero saberlo. Cada vez que levanto la vista y veo el calendario mensual que me imprimo, veo el veinte de junio rodeado y un OPOS escrito en color rosa. Yo solo utilizo dos bolis: el azul y el rosa, de la marca Bic Cristal. Llevo bastantes años escribiendo con ellos y cuando se acaban los reemplazo por los mismos. Encuentro apuntes de las oposiciones de 2022 escritos con esos mismos colores y tienen que ser esos y no pueden ser otros. Me pasa lo mismo con la manicura. Me encanta el rojo-burdeos-burgundy, nunca sé muy bien cómo pedirlo, menos mal que en el sitio al que voy saben exactamente cuál quiero y ya no me preguntan. A veces me siento un poco valiente y me las pongo Babyboomer (no, no tiene nada que ver con bebés, es la francesa degradada), pero a las tres semanas me arrepiento y vuelvo a mi rojo de confianza. En fin, mis taras.
Pues eso, que solo utilizo dos bolis y ese boli es con el que haré las opos. Dos horas escribiendo un tema y dos horas escribiendo un supuesto. ¡Cómo para no estar cómoda con el boli! Pero hay una cosa que nunca he verbalizado. Tengo miedo a quedarme en blanco en el examen, a no saber cómo empezar a escribir o a que se me hayan olvidado las palabras. ¿Qué ironía no? Unas oposiciones de magisterio y a ti se te ha olvidado cómo escribir.
En fin, hablando con varias personas estos días, profes y no profes, todas, repito, TODAS, han llegado a la conclusión de que este va a ser el año en que saque LA plaza. Así en mayúsculas. LA PLAZA. Hay 148 plazas y en 2024 me quedé a 0,1 de conseguirla. A lo mejor el problema también es ese, que ya no solo tengo que aprobar, también tengo que darle la razón a todo el mundo. Las 148 plazas me vienen a la mente constantemente, como si fueran 148 sillas colocadas en una sala enorme. Pienso que esas sillas siempre son de otras personas, de gente que escribe mejor, que estudia mejor, que no pierde el tiempo buscando qué tipo de letra queda más guapa en Word y que sabe todas las medidas ordinarias y extraordinarias de atención a la diversidad sin tener que repetirlas en voz alta mientras se lava los dientes.
En otro orden de cosas, aunque en realidad es el mismo orden de cosas, estoy leyendo poquísimo. No tengo ganas. Después de pasarme todo el día estudiando no quiero seguir leyendo palabras. En mi Goodreads estos días solo voy a poner los libros que consulto de vez en cuando para las oposiciones: uno de Tania Pasarín, que por cierto conozco y admiro, sobre la diversidad en el aula, y otro de Mariana Morales sobre la evaluación formativa. ¿Es más postureo que otra cosa? Sí, obviamente sí. Nadie me va a preguntar si me los he leído. Solo voy a coger dos frases de ellos y ponerlas en los temas, que al final es lo que hacemos todos con la bibliografía, aunque nadie lo diga así.
A su vez esto me lleva al siguiente pensamiento que tengo recurrentemente. Quiero ser ese tipo de chica que hace muchas cosas, que está muy ocupada, que va a clases de batería, luego al gimnasio, después a piscina, que lee todos los días y se acuesta temprano para levantarse pronto. Iba a poner que quiero hacerme el skincare, pero creo que no hay cosa que me dé más pereza que echarme cremas en la cara. Y creo que ahí está un poco el problema, que quiero ser todas esas chicas pero no quiero hacer ninguna de las cosas que hacen esas chicas. Yo solo sobrevivo a base de tres o cuatro cafés diarios y ni la cafeína me puede soportar ya.
En fin, hay días (pocos) en los que me lo creo un poco. No mucho, porque tampoco voy a ser una flipada. Pero un poco sí. Igual esta vez sí. Igual no hace falta que ocurra ningún milagro, igual solo hace falta que coja el Bic azul, respire, y no se me hayan olvidado las palabras.
Luego saldré del examen y no sé qué haré. Igual lloro. Igual no. (Seguramente sí, para qué nos vamos a engañar) Igual digo que me salió bastante bien, que es lo que dice todo el mundo para no gafarlo y para no exponerse demasiado, sobre todo cuando acaba de entregar los próximos dos años de su vida. Yo qué sé. Lo único que sé es que saldré de allí y el mundo seguirá exactamente igual.
Y quizá esto era lo que quería escribir desde el principio. Que tengo miedo y que estoy cansada. Que ansiedad es la palabra que más repito en el día, pero creo que puedo hacerlo. Que no soy esa chica del skincare nocturno, pero he sobrevivido a un Windows tremendamente dañado, a varios meses de estudiar a trompicones y a una programación didáctica sin copia de seguridad. Algo se podrá hacer con eso.
Yo solo espero que alguien rece por mí y que el veinte de junio, cuando encienda el móvil al salir de los exámenes, tenga algún mensaje preguntándome qué tal me ha ido. Algo que me confirme que, mientras yo estaba intentando no olvidarme de las palabras, alguien no se había olvidado de mí.
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¡Que tengas un gran 20 de junio! Con el objetivo cumplido.
Excelente