la grieta
A las 23:23 la sintió. Lo sabe porque justo miró el móvil. Las 23:23 del sábado 7 de septiembre. Tenía dos mensajes sin leer y de fondo una foto de ellos dos que había pensado en cambiar mil veces por una más reciente, pero qué pereza ponerse a buscar otra.
Un movimiento seco en lo más profundo del pecho. No dijo nada, porque qué iba a decir, perdona, creo que se me ha despegado el corazón de los pulmones. A ver cómo decía eso sin parecer un imbécil o un dramático o las dos cosas a la vez mientras, encima, cogía la última croqueta, que seguramente era de ella, pero eso qué más daba ahora.
Así que siguió asintiendo aunque luego no recordaría lo que le estaban explicando. A las 23:37 se levantó al baño, cerró la puerta y apoyó las manos en el lavabo. Se miró al espejo y tenía la misma cara de siempre, cansada, pero la misma. Se extrañó al no ver indicios de la grieta en el pecho e incluso se enfadó un poco.
A las 23:43 volvió convencido de que seguramente había sido ansiedad. La ansiedad podía hacerte creer que estabas teniendo un infarto, que te faltaba el aire o que ibas a desmayarte, pero en fin, la ansiedad era todo eso y la grieta también.
A las 00:49 miró el móvil otra vez. Le quedaba un treinta y uno de batería, los dos mensajes por leer y la misma foto de pantalla.
Llegó a casa a las 03:26, dejó las llaves, se quitó los zapatos y bebió agua directamente de la botella. Se tumbó en la cama y cogió el móvil para buscar «sensación separación pecho» y los resultados eran neumotórax, ansiedad, contracturas y una señora diciendo en un foro de dudosa credibilidad que le había pasado eso por el gluten. Lo que le faltaba, tener que dejar el pan.
Durmió cinco horas y diecisiete minutos. Pasó la mañana intentando hacer vida normal o algo parecido. Ducharse, preparar café, leer las noticias… y decidió que no iba a pensar más en ello. A fin de cuentas el cuerpo es sabio y siempre se autorregenera ¿no?
A las 18:11 volvió a pensar en ello otra vez. A las 22:46 escribió un mensaje, pero lo leyó tres veces y le sonaba demasiado intenso o demasiado qué coño estoy haciendo, así que lo borró y dejó el móvil boca abajo.
A las 23:23 cambió el fondo por uno predeterminado.


El dolor de las rupturas es tremendo. Este relato me recordó a cuando mi ex y yo rompimos. Durante las siguientes semanas sentía cómo un cuchillo literalmente se hundía en mi estómago cada vez que lo recordaba.
También lo relaciono con un cuento de Pirandello “Nel segno”. Si lo encuentro online te lo paso 💜
Brutal